01/03/2010
PATRIOTAS EN OPERACIONES
En pleno febrero caliente y malvinero, hubo un Agosto bien londinense
En la primera semana de febrero, un grupo de diputados argentinos de la oposición viajó a Londres, invitado por el Ministerio de Relaciones Exteriores inglés. No interrumpieron la visita, pese a que ya se conocía el envío de la plataforma petrolera Ocean Guardian y la inmediata protesta diplomática argentina. Entre los legisladores estaba el conocido homo economicus de Jorge Obeid, el ex ministro Walter Agosto.
Ya los ingleses habían despachado rumbo a los mares del sur la plataforma petrolera Ocean Guardian. Ya la Cancillería argentina había elevado las primeras voces de protesta contra el plan de exploración malvinera de los usurpadores de las islas del Atlántico sur. Ya los medios monopólicos trazaban, a partir de la controversia diplomática, un absurdo paralelo con la alcohólica “gesta” de Leopoldo Galtieri en 1982, sin otro rigor que el motivado por el odio al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.En esos calientes días de febrero, como los topos que horadan los campos laboriosamente labrados por otros, un grupo de legisladores argentinos cayó de visita a Londres, se reunió con el encargado de asuntos americanos del Foreign Office y escucharon de su boca la invariable posición del Reino Unido sobre las Islas Malvinas, a las que llamó una y otra vez Falklands. Entre los patriotas había un santafesino, Walter Agosto, ex ministro de Hacienda del último gobierno justicialista, por cierto portador de un look flemático y muy conservador, algo que los británicos adoran.
La noticia de la épica gira de los legisladores argentinos la dio a conocer el periódico El Argentino, aunque una de las viajeras, la macrista Paula Bertol, ya lo había revelado en su sitio de la red social Twitter, señalando, muy suelta de cuerpo: “Estoy muy agradecida por la invitación de la Embajada Británica”.
Los que no se sintieron nada agradecidos por el viaje fueron los principales integrantes del Palacio San Martín, que rápidamente calificaron la visita de “torpeza”. Por esos días de jolgorio british, “el gobierno protestaba por las operaciones petroleras en Malvinas”, dice El Argentino, citando que los diputados que viajaron son, además de Agosto y Bertol, el impostado vocero de Elisa Carrió, Adrián Pérez, y el jefe de la bancada radical en Diputados, Oscar Aguad, procesado por administración infiel tras su paso por la intervención de la provincia de Corrientes.
A esos paladines de los intereses nacionales se les sumó alguien hasta ahora desconocida para casi todo el mundo, la presidenta provisional del Senado mendocino, Miriam Gallardo, quien –como ilustra el medio porteño– es “una dirigente provincial que responde a Juan Carlos Mazzón, un ex Guardia de Hierro que todavía conserva algún vínculo con el kirchnerismo”.
Agosto en verano
Walter Agosto nunca fue un político progresista. Cuando formaba parte del bloque kirchnerista en Diputados, elegido en la misma elección en la que el justicialismo perdió frente al socialismo, lo hizo a regañadientes, alejado en lo conceptual de las políticas económicas de los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina.
Buen administrador para los cánones del establishment, el ex ministro de Hacienda nunca llevó adelante medidas tendientes a enfrentar a las corporaciones o a los grandes conglomerados radicados en la provincia de Santa Fe. Su mérito fue haber dejado las finanzas en orden y con una holgura que el gobernador Hermes Binner y el sucesor de Agosto, Ángel Sciara, se encargaron de hacer trizas con la velocidad de un rayo para nada progresista.
A mediados de 2008, cuando la batalla por la 125 ya prefiguraba futuros desgajamientos, para sorpresa de muchos tres diputados santafesinos –Agosto, Obeid, y Ariel Dalla Fontana– votaron en sintonía con el gobierno nacional. La sorpresa tenía que ver con los estrechos e inevitables vínculos que casi toda la clase dirigente santafesina tiene con la dirigencia agropecuaria en toda su amplia gama, desde la Federación Agraria hasta las Sociedades Rurales, pasando por las Bolsas de Comercio y las agroexportadoras. La sorpresa duró poco: no pasaron más que unas pocas semanas y el obeidismo en pleno constituyó el bloque Santa Fe Federal, en consonancia con el armado de una bancada bautizada así en el Senado por Carlos Reutemann, jefe político real de los legisladores citados.
La distancia con la administración kirchnerista fue cada vez más notoria, al punto de que durante el debate sobre la Ley de Medios Audiovisuales se pudo ver la sobreactuada oposición del ex gobernador, quien conoce como pocos el rigor de los medios de comunicación concentrados y monopólicos.
Ahora, Agosto formó parte de la comitiva que aceptó la invitación del Departamento de Asuntos Exteriores del Reino Unido para visitar Londres, un episodio que podría haber pasado inadvertido si no hubiera coexistido con la mayor crisis diplomática entre el Reino Unido y la Argentina desde el conflicto del Atlántico sur en 1982.
Si los diputados y la senadora provincial hubiesen viajado ante y esa crisis los hubiera sorprendido en las islas británicas, nada habría para reprocharles. El punto es que antes de zarpar con destino a la Rubia Albión ya se conocía la noticia del envío de la task force petrolera de los ingleses. Es más, como lo señala El Argentino, los legisladores también conocían la dura réplica diplomática de la Cancillería argentina.
La gira patriótica
El martes 2 de febrero, a las 15.15, la comitiva de legisladores opositores mantuvo un encuentro programado con el director para América del Foreign Office John Rankin. “Ese mismo día –relata El Argentino–, la Argentina había enviado una protesta formal a Londres por el avance hacia las Islas Malvinas de la plataforma semisubmarina Ocean Guardian”.
Uno de los viajeros, el procesado Aguad, en medio de los contrapuntos entre Argentina e Inglaterra, se despachó con una frase que le otorga un marco más dramático a esta gira patriótica: “El aislamiento internacional, la desatención de no contar con embajador en Londres, y la política petrolera son el resultado de una carencia de estrategia del gobierno kirchnerista”. La respuesta a tamaña deslealtad vino de la mano de los 32 países que, junto a la Argentina, firmaron el documento de apoyo de la cumbre de Cancún, que incluyó a tres ex colonias británicas y actuales miembros del Commonwealth.
La organización del viaje a Londres corrió por cuenta de la Embajada Británica en Buenos Aires y la Fundación Red Acción Política (RAP), que más allá de la tentación fácil de concebirla como quien le redacta el guión a determinados políticos en ritmo de rap, tiene un consejo asesor integrado por prohombres de la elite opositora mediática como Alan Clutterbuck, quien le debe su carrera política a Patricia Bullrich; Cecilia Cordeiro, directora de la encuestadora Poliarquía, a la que recurre permanentemente el diario La Nación; Marcos Aguinis, de quien ya queda muy poco por decir, y Santiago Kovadloff y Manuel Mora y Araujo, columnistas fijos del matutino que alguna vez perteneciera a Bartolomé Mitre y sucesores y hoy regentea la familia Saguier.
¿Qué hacían, qué hicieron en Londres?
Los invitados fueron guiados durante el viaje por Eleanor Salmond, segunda secretaria política de la embajada de Inglaterra en Buenos Aires, y se trasladaron vía British Airways.
En Londres los esperaban las reservas en el hotel The Royal Horseguards y durante los seis días que permanecieron en tierras británicas no sólo se entrevistaron con Rankin, sino que mantuvieron encuentros con el subsecretario de Estado Parlamentario de la Cancillería británica, Chris Bryant, quien también reiteró la inmutable posición inglesa sobre las Malvinas, “a las que llamó una y otra vez Falklands”, según publica el medio capitalino.
Los legisladores también visitaron el Congreso británico, tuvieron reuniones con funcionarios especializados en el cambio climático, seguridad social y sistema previsional.
Según el periódico porteño, “cuando se enteraron en el Palacio San Martín... acusaron a los legisladores de prestarse a una «operación política» destinada a distraer a la opinión pública británica”.
Cualquier parecido con los unitarios que viajaban a Francia y Gran Bretaña para acelerar los aprontes de los bloqueos en tiempos de Juan Manuel de Rosas corre por cuenta de los amantes del revisionismo histórico, pero cabe la reflexión en torno de lo que piensa la línea diplomática estable de la Cancillería argentina, que según El Argentino sostiene que “un viaje de una comitiva de legisladores de estas características no se puede realizar a sus espaldas (las del Ministerio de Relaciones Exteriores) en una situación como la actual”. Se podría decir que forma parte de las desprolijidades que no se cometen en un país “serio”, como gustan decir Agosto, Pérez, Aguad y Bertol cada vez que se les acerca un micrófono de la corporación mediática.
(Fuentes: El Argentino/ Página12/ La Prensa/ Perfil)
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